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Titulares de la Soledad

Vuelta del Sepulcro

Autor: Juan Manuel Miñarro López, entre 1997 y 2004.
Material: Madera de cedro policromada. Imágenes de vestir.
Pasaje evangélico: "Había en el sitio donde fue crucificado Jesús un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual nadie aún había sido colocado. Allí, pues, a causa de la vigilia de la fiesta de los judíos, por estar cercano al sepulcro, colocaron a Jesús." (Jn, 19, 41-42).
Análisis artístico: Tan singular iconografía representa el retorno del sepulcro una vez que se ha dado sepultura a Jesús. La comitiva fúnebre, formada por San Juan (1997), Nicodemo (2001) y Las Tres Marías (1998), regresa apesadumbrada del entierro, mientras José de Arimatea (2002) les conmina a apresurar el paso ante la llegada de un sanedrita (2004) y un soldado romano (2003). El Discípulo Amado se convierte en el gran protagonista de la escena, situándose en primer plano del conjunto mientras conversa con Nicodemo; detrás se hallan las Santas Mujeres portando los instrumentos de la Crucifixión y, en último termino, José de Arimatea. Todas las figuras presentan nobles semblantes, facciones semíticas, gran belleza formal, cabello ondulado y peinado al centro, ojos de cristal, nariz prominente, pómulos afilados y carnaciones aplicadas en tonos brillantes, grafismos habituales en la técnica del imaginero sevillano. Frente a la expresiva elocuencia de San Juan, Nicodemo, un atemorizado José de Arimatea y María Cleofás, que clama al cielo y lleva su mano izquierda al pecho en señal de desconsuelo, La Magdalena y María Salomé muestran una actitud más callada y recogida, sosteniendo los clavos y la corona de espinas de Cristo, respectivamente. Las figuras femeninas llevan lágrimas de cristal surcando sus mejillas, muy numerosas en los casos de La Magdalena y María Cleofás. Todas ellas lucen ropajes hebreos propios de la época. Carecen de exorno.


Nuestra Señora de los Dolores

Autor: José Pascual Ortells López, en 1940.
Material: Madera de pino policromada. Imagen de candelero para vestir.
Restauraciones: Juan Manuel Miñarro López (1993).
Análisis artístico: La imagen se halla concebida como Virgen de la Soledad, volviendo sola del sepulcro de Cristo, con el sudario y el rosario en sus manos, y siendo precedida por el Duelo que hemos analizado anteriormente. María refleja una discreta aflicción, con los labios cerrados, la mirada baja y entornada y las cejas elevadas en señal de dolor, detalles todos ellos que remiten a los modelos de Dolorosa de la Escuela Granadina. La cabeza aparece inclinada hacia la derecha, sobre ancho cuello que muestra un suave modelado. Tres lágrimas de cristal surcan un rostro provisto de afilada nariz y puntiagudo mentón, trabajado sin hoyuelo. Las manos aparecen con las palmas extendidas y los torneados dedos levemente flexionados. Como imagen de devanadera, tiene un candelero interno de estructura cónica y base ovalada.

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