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Titulares del Encuentro

Jesús Nazareno

Autor: José Martínez Puertas, en 1943.
Material: Madera de pino de Flandes.
Pasaje evangélico: "Después que se hubieron mofado de él, le desvistieron la clámide y le pusieron sus vestidos y le condujeron desde allí, a ser crucificado" (Mt. 27, 31).
Restauraciones: Cristóbal Cubero Martínez (1999).
Análisis artístico: Se trata de una imagen de Jesús con la cruz a cuestas realizada al gusto de la compasión popular, muy en la línea de la escuela barroca granadina. Llaman la atención los excesos dramáticos del piadoso semblante, enmarcado por peluca postiza de ondulados mechones. El entrecejo queda muy fruncido en señal de dolor, lo que provoca que ambas cejas se eleven y casi se junten en su nacimiento. Abundantes regueros sanguinolientos parten de la frente, las fosas nasales, las comisuras de los labios e incluso de los ojos, dando la impresión de llorar el Nazareno lágrimas de sangre. Por los demás, el rostro presenta los ojos de cristal, la nariz recta y ancha, los labios cerrados, el bigote ralo y fino, y la barba corta y redondeada. La fatiga del Varón en su trayecto hacia el Calvario provoca que los párpados queden vencidos y las manos apenas tengan fuerza para aferrarse al travesaño del arbóreo madero; aún así, la hechura mantiene cierta entereza en su caminar, no mostrándose muy doblegado por el pesado leño. Aparece revestido con túnica bordada y luce potencias metálicas realizadas a modo de nimbo. La corona de espinas es de plata.


Nuestra Señora de la Amargura

Autor: José Martínez Puertas. Cronología: 1943.
Material: Madera policromada. Imagen de candelero para vestir.
Restauraciones: En 1999 fue intervenida por Cristóbal Cubero Martínez. Luis Álvarez Duarte la restauró en el año 2002.
Análisis artístico: La devota talla eleva la mirada al cielo y abre los brazos en sentida lamentación. El afligido semblante muestra los ojos de cristal, pestañas de pelo natural en los párpados superiores y pintadas en los inferiores, perfil clásico y labios entreabiertos, dejando ver los dientes superiores tallados en la madera. El carnoso y ovalado rostro, rematado por delicado mentón, da paso a un cuello ancho y suavemente anatomizado. Al compartir paternidad artística con la imagen de Jesús Nazareno, el autor le otorga pareja expresividad en sus rasgos faciales, con el ceño profundamente marcado y las cejas muy juntas al elevarse en señal de dolor. Las manos, de dedos rígidos y delgados, se hallan entreabiertas, portando el rosario en la izquierda y el pañuelo en la derecha. La Dolorosa Procesiona sin palio.

Fuente: LaHornacina.com
Fotografías: Fernando Salas

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