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Titulares del Rosario del Mar

Nuestro Padre Jesús de las Penas en el Abandono de sus discípulos

Autor: Luis Álvarez Duarte, en 1992.
Análisis artístico: tras su homónimo de Fernán Núñez (Córdoba), al que se encuentra muy cercano, Álvarez Duarte ofrece una nueva versión de Jesús Cautivo tras el abandono de los discípulos. Cristo, en actitud itinerante, se encamina hacia el palacio del Sumo Sacerdote. El Varón ladea levemente la cabeza hacia la derecha y dirige la mirada al suelo, abatido ante el cruel destino. Cabellera y barba, partidas al centro, son leoninas y han sido trabajadas mediante minuciosos rizos. Las arrugas de la frente y el fruncido ceño delatan la expresión doliente del rostro del Redentor, con los ojos tallados y pintados en la madera, los pómulos demacrados y los labios abiertos, mostrando claramente la lengua y la dentadura talladas. El dramático detalle de las lágrimas de cristal aumenta la compasión popular hacia la escultura. Preso por la traición de Judas Iscariote, presenta las manos atadas por delante del cuerpo. Las carnaciones son aceitunadas, conservando en la frente restos del sudor de sangre emitido en los angustiosos momentos de la Oración en el Huerto. La imagen, de talla completa, aparece revestida con túnica de terciopelo, normalmente de tonos blancos o morados, tal y como corresponde a su iconografía. Se exorna con potencias de plata dorada.


Nuestra Señora del Rosario del Mar en Sus Misterios Dolorosos

Autor: Luis Álvarez Duarte, en 1996.
Análisis artístico: Destacada Dolorosa del imaginero sevillano, de gran expresividad y fineza de rasgos. Pese al juvenil aspecto, ofrece detalles de madurez en sus facciones no muy habituales en las imágenes marianas del escultor, conformando un angustiado semblante que eleva la mirada hacia el cielo, en busca de consuelo para su aflicción. La Virgen ladea dulcemente la cabeza hacia la derecha, apareciendo el cuello muy tenso por lo forzado de la postura. Los ojos son de cristal, con los lacrimales enrojecidos y pestañas postizas en el párpado superior para acentuar el naturalismo del icono. El perfil es clásico, los entreabiertos labios dejan ver la lengua y los dientes perfectamente tallados, y el puntiagudo mentón, centrado con hoyuelo, remata el óvalo de la mascarilla. Posee siete lágrimas de cristal por ser siete los dolores sufridos por María, cuatro en la mejilla izquierda y tres en la derecha. Las manos aparecen extendidas, portando un pañuelo en la izquierda y un rosario en la derecha. Las nacaradas carnaciones presentan matices de notable interés en la trayectoria de Álvarez Duarte, con los párpados hinchados y enrojecidos por el llanto. El candelero es de formas cónicas y base ovalada.

Fuente: LaHornacina.com
Fotografías: Dihor

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