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La Esperanza, el Miércoles Santo de 1970, en un artículo de Antonio González Vizcaíno

En 1971 Antonio González Vizcaíno publica Almería es mi afán, la recopilación 'en un volumen de ciertos artículos publicados con mi firma en periódicos españoles, artículos que tratan de temas relacionados con Almería'. Entre ellos, en sus más de 200 páginas se encuentra el siguiente artículo sobre la Esperanza, su Hermandad y la Semana Santa de Almería, el momento que se vive y una curiosa teoría de Perceval sobre el origen de la Semana Santa almeriense:


LA VIRGEN VA POR LA CHANCA


La cofradía de los estudiantes almerienses ha sacado su procesión en la pasada Semana Santa venciendo toda clase de dificultades, principalmente de orden económico, ya que no ha contado con subvención alguna, incluso ni la del Ayuntamiento.

Pero los estudiantes almerienses, a pesar de todo, han paseado procesionalmente su Virgen: La Virgen del Amor y la Esperanza. ¡Qué nombres tan bonitos para la Madre de Dios! Y la han sacado y paseado por los barrios más humildes de la ciudad: por la Almedina, la Chanca, el Reducto; por las faldas de la Alcazaba y el barrio de la Morería; por donde no había ido jamás.

Yo presencié el desfile procesional desde una esquina del Cuartel de la Misericordia, frente a la iglesia de San Juan. Exactamente donde hace cinco siglos estuvo la primera Catedral almeriense; la Catedral-Mezquita. A mis espaldas quedaba la magnífica Alcazaba artísticamente iluminada. Esa incomparable joya arquitectónica que nos legó Abderramán III. ¡Qué conjunto tan anacrónico! ¡Cuántos contrastes y cuántas épocas confundidas en una misma visión! Jesús orante en la procesión; el mihrab islámico a escasos metros de distancia, en el interior de la antigua mezquita musulmana. ¡Las tinieblas de antaño y la luz fluorescente de hoy!

Pocos penitentes en la procesión. Hoy casi nadie quiere hacer penitencia porque la penitencia requiere humildad y actualmente somos muy pocos humildes, desoyendo el precepto bíblico del Eclesiastés, que recomienda: «Cuanto más grande seas, sé más humilde. Así agradarás más a Dios».

Pero la Virgen no iba sola en su triunfal recorrido por los antiguos barrios almerienses: La acompañaba su Hijo en oración, que ya es bastante. Como única autoridad civil, el delegado provincial de la Juventud representaba a los jóvenes estudiantes de Almería que no se amilanan ante ningún contratiempo y seguirán sacando su Virgen del Amor y la Esperanza, con la esperanza de que el amor entre los hombres llegue a ser algún día una realidad.

¡Muy bien por los estudiantes almerienses! A ver si cunde el ejemplo entre las demás cofradías para que la Semana Santa almeriense no desaparezca del todo, Almería como toda España debe mantener y cuidar sus tradiciones sin que ello implique inmovilismo. Se puede ir en el carro del Progreso enarbolando la bandera de lo tradicional, de lo imperecedero, de lo que no debe morir que es el espíritu de los hombres y de los pueblos, y el espíritu está intimamente ligado a las tradiciones.

¿Qué español no ha sentido vibrar todas las fibras de su ser oyendo una saeta en el silencio de una noche española de Semana Santa?

Mi querido amigo Jesús de Perceval afirma que las procesiones son una antigua costumbre cristiana copiada de los árabes, y que estas manifestaciones religiosas de los musulmanes tuvieron su origen en Velefique, sede de la dinastía de los Fatimitas, quienes sacaban en procesión una imagen de su rey Alí, esposo de Fátima, la hija de Mahoma.

Si esto es así nos cabe la honra a los almerienses de ser los depositarios de esta tradición musulmana seguida posteriormente por los cristianos. En fin de cuentas esta versión no roza siquiera ningún dogma católico y, por tanto no podemos ni suponer que tal afirmación pueda convertirse en ninguna clase de herejía.

Esta amalgama cristiano-árabe, un tanto lucubrante, viene a mi mente como consecuencia de ese conjunto visional abigarrado del desfile procesional católico en un escenario y contorno netamente musulmán.

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