No sorprende que Benedicto XVI haya querido restaurar el uso del antiguo altar de la Sixtina, la primera novedad litúrgica del nuevo responsable del ceremonial de la casa pontificia, monseñor Guido Marini. La tradición de los ritos, la riqueza de las liturgias y de los cantos, el esplendor arquitectónico de los mismos lugares sagrados: todo, explicó en varias ocasiones Ratzinger, debe llevar a los fieles a sentir y a celebrar a Cristo.
Por eso "se consideró celebrar en el altar antiguo para no alterar la belleza y la armonía de esa joya arquitectónica, preservando su estructura desde el punto de vista celebrativo y usando una posibilidad contemplada por la normativa litúrgica", como ha explicado la entidad del Vaticano. Y lo que significaría que "en algunos momentos el Papa se encontrará con las espaldas dirigidas a los fieles y la mirada a la Cruz, orientando así la actitud y la disposición de toda la asamblea", como así ha ocurrido.