He recordado esta anécdota al leer una opinión sobre este tema en otro blog: quizá sea hora de admitir que este mundillo está cambiando. Que ésta es la sociedad que nos ha tocado vivir y que el discurso sobre la integración de la mujer en todos los órdenes de la vida, con sus verdades y sus demagogias, ha llegado también hasta aquí, así que lo mejor es aceptarlo y resignarse. Sacrificar la búsqueda de la perfección para contentar a quienes claman por la no discriminación. No opino así. Creo que en los últimos años es innegable la mejora técnica de las cuadrillas, en muchas ciudades. Ha existido un movimiento silencioso pero masivo que ha elevado a un nivel muy bueno a muchos pasos y que siguen existiendo esas ganas de mejorar cada día. Y sin embargo...
Hace poco tiempo que el debate se ha abierto, porque la realidad ha ido más allá de lo que casi todos pensaban. Al principio sólo hubo mujeres sacando un paso de Gloria y niñas que sacaban Cruces de Mayo. Pero se ha dado un paso más y hace poco una mujer ensayó en el palio de Montesión.
Más allá de la actitud de los protagonistas, tanto de las mujeres que quieren sacar pasos como de quien se lo permite, mi opinión al respecto siempre ha sido bastante clara. Casi siempre estos temas terminan derivando en debates sobre la discriminación. Si hablamos de igualdad, debe quedar claro que es discriminatorio tratar cosas desiguales como si fueran iguales. Si las mujeres, por regla general, tienen una constitución física diferente a la de los hombres, no se les puede tratar de equiparar.
Y aquí es donde los debates se enconan bastante, porque hay quien opina que esas diferencias físicas o no son tales, o no son tan importantes. Vayamos por partes. En primer lugar, negar que las diferencias físicas entre hombres y mujeres existen es negar la evidencia. En las pruebas deportivas los hombres compiten en una categoría y las mujeres en otra, las pruebas físicas que se exigen a los bomberos son las mismas, independientemente del sexo. En segundo lugar, quienes niegan que tales diferencias físicas sean importantes para sacar un paso, creo que se equivocan. Con ese argumento se abona la teoría de que se puedan sacar los pasos de cualquier manera. Y las cuadrillas deben tender a la perfección. Se podrá conseguir o no, pero si dispones de gente suficiente para hacer la igualá lo más parejo posible, hay que tender a que las diferencias sean las mínimas. Y en ese caso, poco encaje tiene quien por su diferencia física es claramente distinto.
Con esto no trato de imponer una opinión. Es más, siempre defenderé que sea cada capataz el que tenga la libertad de meter en su cuadrilla a quien considere oportuno. Ese es su trabajo. Sobre la base de esa independencia, no se entienden bien las presiones de las instituciones públicas. Como siempre, un exceso de celo por parte de la Administración tiene consecuencias negativas: para la autonomía del capataz y para la propia mujer implicada, de la que siempre se dudará de si está ahí por méritos propios o porque el Instituto Andaluz de la Mujer y el Defensor del Pueblo han hecho unas llamadas.
Es posible como decía al principio, que este mundo esté cambiando. Que haya que aceptar leyes que impongan una equiparación que en mi opinión es injusta. Que los poderes públicos se entrometan y que la independencia de capataces y hermandades quede seriamente dañada por su intervención. Y sin embargo...
* Escribo mujer costalero porque el Diccionario de la Real Academia Española no reconoce la palabra costalera.