Y sin embargo...

Quiero escribir esta semana sobre un tema que también se ha debatido on line hasta la saciedad pero que de nuevo es de actualidad por algo que ha ocurrido en la Capital de la Semana Santa. Sevilla manda, aunque esta es una de esas cosas que allí han llegado más tarde que en otros sitios. Una de esas pocas cosas que podemos decir que nosotros conocemos antes que ellos. Se trata, como muchos habrán adivinado ya, de la cuestión de la mujer costalero *.

Permita el lector una digresión previa, que sirva para justificar el título de esta entrada. El 22 de junio de 1633, ante el Tribunal de la Santa Inquisición, Galileo Galilei abjuró de una teoría en la que creía plenamente por no ajustarse ésta al dogma de la Iglesia. Cuenta la leyenda, que al finalizar su intervención, el científico apostilló eppur si muove (y sin embargo, se mueve en referencia a que era la Tierra la que se movía alrededor del Sol y no al revés, como sostenía el dogma). No podía evitar esa tozudez de los hechos. Le podían obligar a decir algo en contra de su voluntad. Y sin embargo...

He recordado esta anécdota al leer una opinión sobre este tema en otro blog: quizá sea hora de admitir que este mundillo está cambiando. Que ésta es la sociedad que nos ha tocado vivir y que el discurso sobre la integración de la mujer en todos los órdenes de la vida, con sus verdades y sus demagogias, ha llegado también hasta aquí, así que lo mejor es aceptarlo y resignarse. Sacrificar la búsqueda de la perfección para contentar a quienes claman por la no discriminación. No opino así. Creo que en los últimos años es innegable la mejora técnica de las cuadrillas, en muchas ciudades. Ha existido un movimiento silencioso pero masivo que ha elevado a un nivel muy bueno a muchos pasos y que siguen existiendo esas ganas de mejorar cada día. Y sin embargo...

Me gustaría ir más allá de los hechos propiamente dichos o del cómo se ha llegado a la situación en concreto que ha motivado el debate, porque lo cierto es que el debate está ahí y de nada sirve hacer oídos sordos. Demos por supuesto, sin ánimo de ser exhaustivos, que en algunas ciudades de Andalucía existen pasos portados íntegramente por mujeres, tal es el caso de Almería. Que yendo algo más allá, algunas mujeres se han integrado en pasos portados por hombres, en aquellas cuadrillas en que se les ha permitido e incluso, en aquellas en que se les ha necesitado. En Sevilla, acaso porque en pocas ocasiones han tenido falta de costaleros, no se había dado el caso. De hecho llama la atención que cuando un tema de estos era tratado en cualquier foro cofrade –hace tan sólo tres o cuatro años- todo el mundo coincidía en que eso en Sevilla era impensable. Que jamás habría debate. Simplemente no pasaría.

Hace poco tiempo que el debate se ha abierto, porque la realidad ha ido más allá de lo que casi todos pensaban. Al principio sólo hubo mujeres sacando un paso de Gloria y niñas que sacaban Cruces de Mayo. Pero se ha dado un paso más y hace poco una mujer ensayó en el palio de Montesión.

Más allá de la actitud de los protagonistas, tanto de las mujeres que quieren sacar pasos como de quien se lo permite, mi opinión al respecto siempre ha sido bastante clara. Casi siempre estos temas terminan derivando en debates sobre la discriminación. Si hablamos de igualdad, debe quedar claro que es discriminatorio tratar cosas desiguales como si fueran iguales. Si las mujeres, por regla general, tienen una constitución física diferente a la de los hombres, no se les puede tratar de equiparar.

Y aquí es donde los debates se enconan bastante, porque hay quien opina que esas diferencias físicas o no son tales, o no son tan importantes. Vayamos por partes. En primer lugar, negar que las diferencias físicas entre hombres y mujeres existen es negar la evidencia. En las pruebas deportivas los hombres compiten en una categoría y las mujeres en otra, las pruebas físicas que se exigen a los bomberos son las mismas, independientemente del sexo. En segundo lugar, quienes niegan que tales diferencias físicas sean importantes para sacar un paso, creo que se equivocan. Con ese argumento se abona la teoría de que se puedan sacar los pasos de cualquier manera. Y las cuadrillas deben tender a la perfección. Se podrá conseguir o no, pero si dispones de gente suficiente para hacer la igualá lo más parejo posible, hay que tender a que las diferencias sean las mínimas. Y en ese caso, poco encaje tiene quien por su diferencia física es claramente distinto.

Con esto no trato de imponer una opinión. Es más, siempre defenderé que sea cada capataz el que tenga la libertad de meter en su cuadrilla a quien considere oportuno. Ese es su trabajo. Sobre la base de esa independencia, no se entienden bien las presiones de las instituciones públicas. Como siempre, un exceso de celo por parte de la Administración tiene consecuencias negativas: para la autonomía del capataz y para la propia mujer implicada, de la que siempre se dudará de si está ahí por méritos propios o porque el Instituto Andaluz de la Mujer y el Defensor del Pueblo han hecho unas llamadas.

Es posible como decía al principio, que este mundo esté cambiando. Que haya que aceptar leyes que impongan una equiparación que en mi opinión es injusta. Que los poderes públicos se entrometan y que la independencia de capataces y hermandades quede seriamente dañada por su intervención. Y sin embargo...


* Escribo mujer costalero porque el Diccionario de la Real Academia Española no reconoce la palabra costalera.